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Una sustancia hallada en frutas actúa contra las picaduras de yarará

Publicado em 01 fevereiro 2019

Una investigación realizada en el Instituto Butantan (en Brasil, vinculado a la gobernación del estado de São Paulo) verificó que la rutina, una molécula presente en diversas plantas y alimentos, protegió a ratones contra los problemas de sangrado y de inflamación ocasionados por la acción del veneno de la yarará o yararaca (Bothrops jararaca), especie que responde por alrededor del 70% de los accidentes con serpientes ponzoñosas en el estado paulista.

Este trabajo estuvo a cargo de Marcelo Larami Santoro, Ana Teresa Azevedo Sachetto y Jaqueline Gomes Rosa, y se realizó en el Laboratorio de Fisiopatología del Butantan. Y contó con el apoyo de la FAPESP - Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo, del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) y de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes) de Brasil. Sus resultados salieron publicados en la revista PLOS Neglected Tropical Diseases.

La rutina es un flavonoide, un tipo de molécula que les sirve de pigmento a diversos vegetales y frutas, dotándolos de colores vibrantes. Son los casos de las frutas cítricas, las uvas (y el vino), la manzana, el caqui, el higo, la fresa, la mora, la cereza y la frambuesa, o de vegetales tales como el pimiento y el ají amarillo. Otros alimentos, tales como el trigo sarraceno, el té negro y el té verde, también son ricos en rutina.

En las plantas, estos pigmentos ayudan a atraer insectos polinizadores, a filtrar los rayos ultravioletas del Sol y a fijar el nitrógeno, entre otras funciones. Los flavonoides también poseen poderes antioxidantes, aparte de participar en los mecanismos de defensa, ayudando a prevenir los ataques de insectos y microbios. En el caso específico de la rutina, se trata de un flavonoide conocido por su alto poder antioxidante y antiinflamatorio.

Con los sueros antiofídicos se tratan las principales manifestaciones de los envenenamientos causados por mordeduras de serpientes, pero no existen tratamientos conocidos eficaces contra las complicaciones secundarias comunes. Las toxinas presentes en el veneno de la yararaca pueden desencadenar sangrados, alterar las reacciones rédox –la producción de energía eléctrica con base en la existencia de oxidación y reducción de especies químicas– en las células e inhibir la capacidad del cuerpo de detener el sangrado.

"Los mecanismos de las complicaciones clínicas en pacientes picados por yararás aún no se entienden claramente, y la terapia con antiveneno es limitada en su capacidad para tratar toda la gama de complicaciones que pueden surgir tras una picadura de serpiente”, dijo Larami Santoro.

"En el organismo de la persona picada, el veneno de yarará genera un aumento de la actividad del factor tisular, una sustancia presente en los tejidos y en el interior de los monocitos y las plaquetas de la sangre, que desempeña un papel fundamental en el proceso de coagulación", dijo.

El factor tisular se activa cuando se produce una exposición de los tejidos, como en los cortes o en las lastimaduras. Es entonces cuando actúa para promover la coagulación de la sangre en el lugar de la herida. En tanto, en los casos de envenenamiento, el factor tisular se activa aun en ausencia de cualquier herida. Cuando esto sucede, en el interior de los vasos sanguíneos empiezan formarse coágulos que perjudican la circulación y terminan generando trombosis que bloquean efectivamente los vasos y causan necrosis de los tejidos.

De allí que la disminución de la actividad del factor tisular a los efectos de que regrese a su condición original constituiría un camino terapéutico relacionado con una importante complicación secundaria del envenenamiento, que es la formación de coágulos sanguíneos. “El envenenamiento no necesariamente eleva la cantidad de factor tisular sino que aumenta la actividad del mismo", dijo Larami Santoro.

Una enzima llamada PDI controla la actividad del factor tisular. De la misma forma, se sabe que la rutina posee el poder de inhibir la acción de la PDI.

"El envenenamiento ocasionado por picaduras de yarará provoca problemas de coagulación, que son producto a su vez del aumento de la actividad del factor tisular. La actividad del factor tisular está controlada por la enzima PDI, y sabemos que la rutina tiene el poder de inhibir la acción de la PDI. Pensamos que sería posible aplicar la rutina para evitar la expresión del factor tisular en los casos de envenenamiento, a los efectos de disminuir las complicaciones secundarias: la coagulación sanguínea, por ejemplo", dijo Larami Santoro.

Para poner a prueba esta hipótesis, los investigadores realizaron experimentos con instrumentos de laboratorio y en ratones. En el primero, al colocar veneno de yararaca en presencia de una solución con rutina, se constató un efecto beneficioso contra el estrés oxidativo, que es una condición biológica en la cual se produce un desequilibrio entre la producción de radicales libres y su remoción del organismo. El estrés oxidativo es otra complicación secundaria que ocurre en el proceso de envenenamiento.

En el caso del experimento con animales, se utilizaron 72 ratones divididos en tres grupos de tiempos, cada uno con 24 animales. Estos a su vez quedaron divididos en cuatro grupos de seis ratones cada uno. El primer grupo fue el de control. A los del segundo grupo se les inyectó solamente el veneno de yarará. A los del tercero se les inyectó una solución salina con rutina. Y a los del cuarto grupo se les inyectó al mismo tiempo el veneno y la misma solución con rutina.

Pasadas 3, 6 y 12 horas después de la aplicación de las inyecciones, se realizó la eutanasia de los animales. Luego los investigadores del Butantan analizaron muestras de sangre y de tejido de los mismos para entender los efectos de la rutina en eventos fisiopatológicos desencadenados por el veneno.

"En el envenenamiento aumenta la actividad del factor tisular. En el grupo de animales a los cuales se les inyectó veneno y rutina, verificamos que la rutina redujo el trastorno de la coagulación, protegiendo así a los organismos de los ratones contra las acciones de coagulación producto del envenenamiento”, dijo Larami Santoro. "Sin embargo, no sabemos cuál fue el blanco de la rutina o de qué manera actuó ésta en el organismo de los animales para controlar al factor tisular.”

De acuerdo con el investigador, serán necesarios futuros estudios a los efectos de comprender la actividad de la rutina una vez que el veneno ha disparado eventos fisiopatológicos, como así también los efectos terapéuticos de la rutina administrada junto con el antiveneno.

La investigación sugiere que la rutina cuenta con un gran potencial como fármaco auxiliar en conjunto con la terapia antivenenosa para tratar las picaduras de serpientes, particularmente en países donde la disponibilidad de antídotos contra venenos es escasa.

(Fuente: Agencia FAPESP / DICYT)