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Folha.com (edição em espanhol)

Un investigador prueba en los exteriores de la Universidad de São Paulo una vacuna que esteriliza capibaras

Publicado em 14 maio 2019

Por Guilherme Seto

La idea es controlar la proliferación de roedores e impedir problemas como la fiebre manchada

En el lago olímpico de la Universidad de São Paulo viven cerca de 50 capibaras, algunas adultas, otras crías. Ajenas a los recortes de los presupuestos para la investigación que afectan a la institución que frecuentan, los animales pasean por una extensión de más de 2 km, que incluye un lago de aproximadamente 100 m de ancho.

Utilizado por cientos de remeros, el lago es también un laboratorio del veterinario norteamericano Derek Andrew Rosenfield, que prueba vacunas de inhibición de fertilidad en los pelirrojos y gigantes roedores.

La investigación de Rosenfield, doctorando de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la USP y financiada por la Fundación de Amparo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP), propone un método de control poblacional de las capibaras menos invasivo que la castración, que demanda la captura de los animales y la intervención quirúrgica e influencia en el comportamiento de los machos.

En 2013, una pareja de capibaras, poseída por el espíritu aventurero, dejó la orilla del río Pinheiros, en compañía de sus cinco cachorros, y migró al lago olímpico. A finales de 2016, cuando Rosenfield puso en marcha la investigación, debido a la gran capacidad reproductiva de los animales, estos habían multiplicado la población local y ya eran 40.

Las capibaras causan problemas a aquellos que frecuentan el lago. Los remeros se quejan de que chocan con ellas en el agua y de que roen los cascos de madera de las canoas. Asimismo, la orilla del lago permanece llena de heces.

Además, otro problema es que las capibaras portan muchas garrapatas (cada arácnido puede poner hasta 8.000 huevos). Sin contar que pueden invadir la autovía Pinheiros (que pasa justo en frente) y causar accidentes.

Traducido por AZAHARA MARTÍN ORTEGA

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SÃO PAULO