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Al Día (Cuba)

Un estudio apunta la necesidad de revisar el protocolo para la detección del virus del Zika en la placenta

Publicado em 04 junho 2020

Por Bruno de Pierro | Agência FAPESP

Inmediatamente después de la explosión de casos de microcefalia causados por el virus del Zika en Brasil, entre los años 2015 y 2016, se publicaron diversos estudios científicos con evidencias de que dicho patógeno posee la capacidad de atravesar la placenta humana, el órgano que mantiene al feto conectado al cuerpo materno durante la gestación. A partir de entonces, los estados brasileños empezaron a aplicar un protocolo, estipulado por el Ministerio de Salud, para extraer también muestras de placenta que puedan ayudar en el diagnóstico de la enfermedad entre mujeres que exhibieron síntomas de la misma durante el embarazo.

Con todo, a juicio de un grupo de investigadores de la Universidad de Campinas (Unicamp) que se ha venido abocando a estudiar el tema con el apoyo de la FAPESP – Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo, el protocolo oficial vigente en todo el país debe reformularse. Recientemente, los estudiosos informaron en la revista científica Frontiers in Microbiology, que es fundamental asegurar la representatividad de las muestras y su adecuado almacenamiento y transporte, a los efectos de obtener el resultado adecuado en la investigación viral de las placentas. El virus puede infectar distintos puntos de la placenta humana, tales como las vellosidades coriónicas, la placa basal, la placa coriónica, la membrana amniótica o incluso el cordón umbilical.

Este descubrimiento sugiere que los test de diagnóstico deben contemplar esas distintas áreas de la placenta, a los efectos de asegurar una adecuada representatividad y un diagnóstico más preciso. “En lugar de ello, el protocolo actual describe que las muestras deben medir un centímetro cúbico y no especifica qué zonas de la placenta deben analizarse”, dice el biólogo molecular José Luiz Proença Módena, coordinador del Laboratorio de Estudios de Virus Emergentes (Leve) del Instituto de Biología de la Unicamp y coautor del estudio.

En el trabajo se analizaron 17 placentas de mujeres que tuvieron hijos en el Centro de Atención Integral de la Salud de la Mujer (Caism) de la Unicamp. De dicho total, 14 casos dieron positivo para el virus del Zika cuando se utilizó un kit desarrollado por los científicos de la Unicamp que posibilita la realización de test moleculares de tipo PCR en tiempo real, un método con el cual se puede detectar el ARN viral de las muestras de placenta.

“Extrajimos cuatro fragmentos de todas las zonas de la placenta de cada paciente, incluso del cordón umbilical”, informa Proença Módena, quien remarca que se realizó un seguimiento de las gestantes que exhibieron síntomas de la enfermedad tales como fiebre y manchas en la piel durante el embarazo o que dieron a luz bebés con microcefalia entre 2016 y 2017. De acuerdo con el investigador, la extracción de varios fragmentos de la placenta eleva las probabilidades de detectar la presencia del virus del Zika, toda vez que existen zonas de ese órgano que concentran más virus que otras.

Los investigadores se mostraron sorprendidos al ver que el examen realizado con muestras de placenta de las mismas pacientes en el Instituto Adolfo Lutz, el principal organismo de vigilancia epidemiológica de São Paulo, que aplica el protocolo recomendado por el Ministerio de Salud, dio negativo en todos los casos. “Esto muestra la urgencia de introducir modificaciones en el método vigente”, afirma Proença Módena.

El Instituto Adolfo Lutz informó a través de su asesoría de comunicación que las pruebas con placentas siguen realizándose con base en el protocolo oficial y que por el momento no existe una perspectiva de introducir alteraciones. Para Proença Módena, las nuevas demandas de pruebas de laboratorio para detectar el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2) dificultarían cualquier tramitación tendiente a alterar el protocolo a corto plazo.

“La epidemia causada por el coronavirus probablemente postergará una posible reformulación del test de diagnóstico para la detección del virus del Zika en la placenta”, sostiene Proença Módena, quien también debió interrumpir sus actividades habituales de investigación para ayudar a la fuerza de tareas implementada en la Unicamp para contener el avance del coronavirus. De acuerdo con el investigador, el diálogo entablado con el Ministerio de la Salud a finales de 2019 para estructurar ajustes en el protocolo de extracción en placentas también sigue paralizado.

Para la médica Maria Laura Costa do Nascimento, docente de la Facultad de Ciencias Médicas de la Unicamp y coautora del trabajo, la situación de emergencia ha exigido efectivamente que muchos proyectos reorienten sus esfuerzos de investigación con miras a enfrentar al nuevo coronavirus. Sin embargo, la investigadora refuerza la necesidad de implementar un protocolo sistemático para la extracción de muestras de placenta tan pronto como sea posible. En el contexto de la actual pandemia, hasta el momento no se ha comprobado la transmisión vertical del COVID-19, pero faltan estudios de calidad en lo concerniente a la investigación viral placentaria. El grupo de la Unicamp pretende utilizar el conocimiento adquirido mediante el estudio sobre el virus del Zika y también investigar las placentas de casos de infección con COVID-19 durante el embarazo.

“La placenta es un órgano sumamente importante para diagnosticar diversas enfermedades, entre ellas la que causa el virus del Zika”, dice Costa do Nascimento. “Aproximadamente el 70% de los infectados corresponde a casos asintomáticos o que exhiben síntomas leves, lo cual lleva a que esos enfermos tarden a la hora de buscar atención médica”. La investigadora aclara que la probabilidad de que un análisis dé positivo una vez pasada la fase aguda de la infección es pequeña: el virus puede detectarse durante hasta cinco días en la sangre y ocho días en la orina contando a partir del primer día de la infección. En tanto, en la placenta, dice la médica, pueden detectarse vestigios del microorganismo meses después del comienzo de la infección. Según el Ministerio de Salud de Brasil, se registraron alrededor de 2.054 casos de zika en el país hasta el comienzo del mes de abril.

Los investigadores reconocen que la alteración del protocolo no es una tarea sencilla. La extracción de una cantidad mayor de muestras de partes específicas de la placenta puede traer aparejada una elevación de los costos, por ejemplo. “Una cosa es extraer, de manera aleatoria, un fragmento de la placenta y mantenerlo en un congelador a -20 °C, tal como se hace actualmente. Otra es extraer cuatro o cinco fragmentos específicos y conservarlos a -80 °C”, sostiene Proença Módena.

De acuerdo con Costa do Nascimento, el reto consistirá en asegurar que las maternidades del país cuenten con un cuerpo técnico capacitado como para realizar un procedimiento de mayor especificidad y aparatos adecuados como para mantener las muestras en buenas condiciones desde el momento de la extracción hasta su almacenamiento en los laboratorios de referencia, que se encargan de realizar los test de diagnóstico. “Resulta complicado trabajar con muestras extraídas durante los partos, fundamentalmente cuando los mismos se concretan de modo no programado y quedan a cargo de médicos de guardia en los hospitales”, subraya la investigadora. “Esos profesionales deberían capacitarse para saber extraer fragmentos específicos de la placenta y asegurar la calidad y la representatividad de las muestras, haciendo las extracciones en el menor tiempo posible después del parto.”

 

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