Ya no cocinamos como las generaciones de nuestras abuelas. La suma de los ingredientes se hace en las fábricas y no en pucheros ni fogones. De hecho, cada vez más los hogares españoles optan por usar estas ayudas culinarias. Una forma de justificar que se compran más salsas y caldos listos para usar, e incluso se eligen productos que se calientan en el momento, como recoge el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.
Esto significa que subcontratamos la cocina y para ello elegimos productos ultraprocesados. Ellos aportan ahorro en el tiempo de preparación (sin manchar nada) y en el bolsillo, pero dañan la salud. Diferentes trabajos advierten de sus consecuencias. El último, que analiza datos de ocho países (Australia, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos, México y Reino Unido), muestra que las muertes prematuras atribuibles al consumo de procesados aumentan significativamente en función de la proporción de la ingesta.
Con este nuevo aviso, que aparece en la revista American Journal of Preventive Medicine, la comunidad médica refuerza el llamamiento a la acción mundial para reducir su consumo, con el apoyo de políticas reguladoras y fiscales que fomenten entornos más saludables. De hecho, de forma reciente, un trabajo en Nature Food alertaba de que solo se conciencia a la población de los daños de estos alimentos a través del etiquetado. Lo que deja en manos del consumidor saber qué es dañino y qué no.
Eduardo Augusto Fernandes Nilson, de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz, Brasil) y autor principal del estudio, deja claro que «más allá del impacto individual, evaluar las muertes por todas las causas asociadas su ingesta permite hacer una estimación global del efecto del procesado industrial de alimentos sobre la salud».
Esta huella en el organismo procede, explica Nilson, «del alto contenido de nutrientes críticos (sodio, grasas trans y azúcar) y a los cambios que sufren los alimentos durante su procesamiento industrial y al uso de ingredientes artificiales, incluidos colorantes, saborizantes y edulcorantes artificiales, emulsionantes y muchos otros aditivos y auxiliares tecnológicos».
¿Cómo es el daño de los alimentos ultraprocesados?
Los ultraprocesados llegan a representar hasta el 58% de la ingesta diaria total en algunos países y ha aumentado rápidamente en muchos países de ingresos bajos y medianos en las últimas décadas. Se trata de fórmulas industriales listas para consumir o calentar que se elaboran con ingredientes extraídos de alimentos o sintetizados en laboratorios, con pocos o ningún alimento entero en su composición. Poco a poco han ido sustituyendo a los alimentos y comidas tradicionales elaborados con ingredientes frescos y mínimamente procesados.
En esta categoría, cabe recordar que se incluyen desde los refrigerios endulzados o salados, refrescos, fideos instantáneos, productos cárnicos, pizzas hasta platos de pasta preparados previamente, galletas y productos de confitería. Todos ellos se elaboran mediante el ensamblaje de sustancias alimenticias, en su mayoría ingredientes básicos, y aditivos 'cosméticos' (en particular, aromas, colorantes y emulsionantes) gracias a procesos industriales.
Se trata de fórmulas industriales listas para consumir o calentar que se elaboran con ingredientes extraídos de alimentos o sintetizados en laboratorios, con pocos o ningún alimento entero en su composición. Poco a poco han ido sustituyendo a los alimentos y comidas tradicionales elaborados con ingredientes frescos y mínimamente procesados.
Nilson expone que su análisis parte de datos de encuestas dietéticas representativas a escala nacional y datos de mortalidad de los ocho países escogidos. «Primero estimamos una asociación lineal entre la participación de los ultraprocesados en la dieta y la mortalidad por todas las causas, de modo que cada aumento del 10% en la inclusión de los procesados en la dieta aumenta el riesgo de muerte por todas las causas en un 3%».
Con esto como base, el investigador apunta que usando los riesgos relativos y los datos de consumo de alimentos para todos los países (que van desde el 15% de la ingesta total en Colombia, hasta más del 50% de las calorías en los EEUU), construyeron un modelo que estimó que el porcentaje de muertes prevenibles prematuras por todas las causas al elegir ultraprocesados puede variar del 4% en los países con menor consumo a casi el 14% en los de mayor ingesta.
En otro estudio previo, publicado en The British Medical Journal, ya se apuntó la mortalidad como una consecuencia del abuso de estos productos. Aquí se enumeró los riesgos: un 50% más relacionada con enfermedades cardiovasculares, entre un 48% y un 53% más de ansiedad, depresión y trastornos mentales comunes, y un 12% más de diabetes tipo 2.
Aquí, como apuntaba Carmen Romero Ferreiro, profesora del grado de nutrición humana y dietética, responsable de investigación del grado de nutrición en la Universidad Francisco de Vitoria, a SMC, «se observó que los productos listos para el consumo a base de carne, aves de corral y marisco se asociaban con una mayor mortalidad por todas las causas, al igual que las bebidas azucaradas y edulcoradas artificialmente, los postres lácteos y los productos de desayuno ultraprocesados».
Con todo esto sobre la mesa, Nilson subraya que «esto muestra que se necesitan políticas que desincentiven su consumo a nivel mundial, promoviendo patrones dietéticos tradicionales basados en alimentos locales frescos y mínimamente procesados», recalca Nilson.
Pilar Pérez