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Microplásticos y salud ósea: cómo estas partículas invisibles dañan los huesos (32 notícias)

Publicado em 20 de setembro de 2025

¿Qué son los microplásticos y cómo llegan al cuerpo humano?

La producción masiva de plásticos, que supera los 400 millones de toneladas al año, no solo ha dejado huella en playas, ríos y en los fondos marinos más profundos —hasta 11.000 metros bajo el nivel del mar—, sino que también se ha convertido en una amenaza invisible para la salud humana.

A los ya conocidos efectos del plástico sobre el clima, con la emisión de 1.800 millones de toneladas de gases de efecto invernadero anuales, se suman ahora nuevas evidencias: las diminutas partículas de microplásticos que desprenden estos materiales podrían estar dañando nuestros huesos.

Cortinas, muebles, prendas de vestir y objetos de plástico liberan microplásticos que flotan en el aire, se disuelven en el agua, se adhieren a los alimentos y terminan entrando en contacto con el organismo al ser inhalados, ingeridos o absorbidos por la piel. Ya se han detectado en la sangre, el cerebro, la placenta, la leche materna e incluso en tejidos óseos.

Lo que se degrada por lo que se regenera

Un estudio científico publicado en la revista Osteoporosis International y vinculado a un proyecto financiado por la Fundación de Apoyo a la Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP) analizó 62 trabajos y concluyó que los microplásticos alteran la salud ósea. Uno de los hallazgos más relevantes es que estos materiales pueden interferir en el funcionamiento de las células madre de la médula ósea, lo que favorece la proliferación de osteoclastos, las células encargadas de degradar el tejido en un proceso conocido como resorción ósea.

Recordemos que Lla resorción ósea es un proceso natural en el que los osteoclastos degradan y eliminan tejido óseo viejo o dañado. Forma parte del ciclo normal de renovación de los huesos, que se mantienen sanos gracias al equilibrio entre la resorción o destrucción de hueso) y la formación ósea o creación de nuevo tejido.

Cuando ese equilibrio se rompe y la resorción supera a la formación, los huesos se vuelven más frágiles, aumentando el riesgo de osteoporosis y fracturas.