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Reporte Energía (Bolívia)

La producción de biocombustibles para el transporte caerá por primera vez en dos décadas

Publicado em 12 novembro 2020

Por Elton Alisson, da Agência FAPESP

La producción mundial de biocombustibles destinados al transportes, tales como el biodiésel, el etanol celulósico y el aceite vegetal hidratado (HVO, por sus siglas en inglés), disminuiría este año por primera vez en dos décadas debido al impacto de la pandemia de COVID-19 sobre la actividad económica, la circulación de personas y el precio del petróleo.

Los incentivos a la rápida recuperación y la aceleración del sector, que fue uno de los más afectados por la crisis, pueden contribuir para retomar el crecimiento económico mundial, crear millones de puestos de trabajo y contener las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2).

Estas estimaciones figuran en un plan de recuperación sostenible del sector elaborado por la Agencia Internacional de Energía (IEA) en colaboración con el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Paolo Frankl, líder de la división de energías renovables de la IEA, dio a conocer algunas proyecciones que figuran en dicho plan durante un evento online realizado en pasado día 15 de octubre por la Plataforma Biofuture, un consorcio integrado por 20 países, Brasil inclusive, con el objetivo de promover soluciones de transporte de bajo carbono y la bioeconomía. Este evento contó con el apoyo del Programa FAPESP de Investigaciones en Bioenergía (BIOEN) y forma parte de la programación de la Brazilian Bioenergy Science and Technology Conference – BBEST 2020.

“Estimamos que la producción mundial de biocombustibles destinados al transporte registrará una caída de dos dígitos este año, la primera en dos décadas”, afirmó Frankl.

De acuerdo con datos de la IEA, la producción global de biocombustibles para el transporte alcanzó en el año 2019 el récord de 162 mil millones de litros, o 2,8 millones de barriles por día. Se estima que en 2020 la producción experimentará una baja de 20 mil millones de litros (un 13%) y volverá así a los niveles de 2017.

Antes del comienzo de la pandemia de COVID-19, se preveía que la producción aumentaría en más de 5 mil millones de litros (un 3%) este año. Con todo, la retracción de la actividad económica afectó fuertemente al sector del transporte, lo cual redundó en una diminución de la demanda y, por consiguiente, en el abaratamiento de la gasolina y del gasoil.

“La caída del precio del petróleo, en razón del aumento de la oferta y de la disminución de la demanda, está impactando sobre la competitividad de los biocombustibles”, afirmó Frankl.

La implementación del plan de recuperación sostenible del sector puede impulsar el crecimiento económico global en un 1,1% promedio al año. Asimismo, podría salvar o crear alrededor 9 millones de empleos anuales, consignó el especialista.

“La bioenergía es una de las industrias de energía más intensivas en mano de obra y da trabajo a alrededor de 3 millones de personas en todo el mundo. Asimismo, registra el segundo número de empleos creados por millón de dólares gastados, particularmente en las economías emergentes, las más afectadas por la crisis provocada por la pandemia”, afirmó Frankl.

Las metas climáticas

La recuperación de la producción de biocombustibles destinados al transporte también puede hacer que el pico de las emisiones globales de CO2, que se alcanzó en 2019, no sea superado, sostuvo el experto.

Un informe de la IEA dado a conocer el pasado mes de febrero apuntó que las emisiones globales de CO2 permanecieron estables en 2019: fueron de aproximadamente 33.300 millones de toneladas, el mismo nivel que en 2018.

“No es suficiente forzar tan solo la descarbonización del sector de energía para cumplir con las metas climáticas, pues eso corresponde únicamente a una tercera parte de lo que debe hacerse para llegar a eliminar las emisiones netas de CO2 en el año 2050 o un poco después, en 2070”, dijo Frankl.

La solución para la descarbonización del sector energético tampoco es una sola. Se hace necesario implementar una gran cartera de tecnologías de energía limpia y triplicar el uso de la bioenergía moderna, combinando con soluciones de captura y almacenamiento de carbono. De este modo, sería posible reducir un 20% las emisiones anuales, ponderó Frankl.

“Hay que expandir rápidamente el uso de biocombustibles y de biogás. En el sector de transportes, el aumento del uso de biocombustibles líquidos ha sido fenomenal, pero aún es necesario cuadruplicar y ampliar bastante el uso en el sector de transporte marítimo y en la aviación”, sostuvo el investigador.

Las proyecciones de la IEA indican que los biocombustibles, el hidrógeno y los combustibles sintéticos a base de hidrógeno pondrán satisfacer hasta un 20% de la demanda global de energía en el año 2070, particularmente en áreas donde la electrificación directa resulta difícil.

Los principios para la recuperación

Para incentivar la implementación de políticas y programas de recuperación y aceleración de la bioeconomía pospandemia, los 20 países miembros de la plataforma Biofuture propusieron cinco principios.

Uno de ellos indica que los países no deben retroceder con relación a las metas establecidas antes de la pandemia tendientes a promover los biocombustibles y la bioeconomía en sus economías. Otro principio apunta a revaluar los subsidios a los combustibles fósiles.

“Ahora, con los precios del petróleo en baja, es el momento ideal para realizar reformas y eliminar gradualmente los subsidios a los combustibles fósiles”, afirmó Frankl.

Estos principios no son obligatorios ni prescriptivos, y los países integrantes de la plataforma pueden implementarlos de acuerdo con iniciativas de sostenibilidad y programas de recuperación económica más amplios.

“Estos principios no son vinculantes, lo que significa que no constituyen tratados formales y su aplicación no es obligatoria. La intención de los mismos consiste en orientar políticas que apunten direcciones que los países deben seguir o evitar para disminuir los efectos negativos de la pandemia de COVID-19, especialmente en el sector de bioenergía, y sacar el mejor rédito de ello”, explicó Renato Godinho, jefe de la división de promoción de energía del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil.

Con todo, diversos países ya han implementado o están considerando poner en práctica nuevas políticas alineadas con los referidos principios. Entre ellos se encuentran Brasil, con su programa RenovaBio, y Canadá, con su programa Clean Fuels Standard.

“El gobierno del Canadá considera que la bioenergía es un componente clave del plan con miras a alcanzar las metas climáticas del país para el año 2030 y eliminar las emisiones netas de CO2 en 2050, pero aún hay mucho trabajo por hacerse”, dijo Devin O’Grady, gerente de la división de combustibles limpios del Departamento de Recursos Naturales de Canadá.

“Menos del 5% de la energía utilizada en el país actualmente proviene de la bioenergía o de otras fuentes de combustibles de bajo carbono, que estimamos que pueden abastecer al 60% de nuestra economía”, afirmó O’Grady.

Otros países también han fijado metas ambiciosas, como en el caso de la India. El país planea expandir el uso de la bioenergía, incluyendo un agregado de un 10% de etanol a la gasolina para 2022 y un 20% en 2030.

“Existe una alta demanda de energía en la India a causa de la expansión del transporte y del sector petroquímico. Pero estipulamos el compromiso de crecer con energía limpia. Pretendemos disminuir las importaciones de carbón y reemplazarlo por energía renovable”, dijo Kumod Kumar Jain, director ejecutivo del Centro de Altas Tecnologías del Ministerio de Petróleo y Gas Natural de India.

Francia, por su parte, anunció un paquete de apoyo económico destinado al sector de aerotransporte que incorpora metas sostenibles para el combustible de aviación.

“El objetivo de este pacto consiste en apoyar la investigación y la innovación en la industria aeronáutica en el país, de manera tal que Francia siga siendo uno de los líderes en tecnologías aeronáuticas ‘verdes’”, explicó Robert Mauri, vicedirector de transporte aéreo sostenible del Ministerio de Transición Ecológica de Francia.

América Latina y África también cuentan con grandes oportunidades de expansión de la producción de bioenergía, según se consigna en un estudio sobre la sostenibilidad de la bioenergía global elaborado por investigadores vinculados al BIOEN a pedido del Comité Científico para Problemas del Medio Ambiente (Scope, por sus siglas en inglés, una agencia intergubernamental asociada a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura – Unesco), destacó Glaucia Mendes Souza, docente del Instituto de Química de la Universidad de São Paulo (IQ-USP) e integrante de la coordinación del Programa BIOEN.

“Latinoamérica y África pueden beneficiarse mucho con la producción de bioenergía y pasar a suministrar biocombustibles y otras opciones de energía renovable”, sostuvo.

La integración de mecanismos de recompensa de sostenibilidad en estructuras políticas que incorporen externalidades positivas en la producción y el uso de biocombustibles, productos químicos y materiales es fundamental para estimular al mercado de bioenergía, apuntó IIkka Räsänen, del área de relaciones públicas de la petrolera finlandesa Neste.

Alemania y Suecia, por ejemplo, estipularon cuotas de disminución de gases de efecto invernadero. En tanto, Finlandia fijó alícuotas de impuestos más bajos para biocombustibles obtenidos a partir de residuos.

“El régimen tributario finlandés estableció un impuesto más bajo para biocombustibles de base lignocelulósica”, explicó Räsänen.

AGENCIA FAPESP (https://agencia.fapesp.br/la-produccion-de-biocombustibles-para-el-transporte-caera-por-primera-vez-en-dos-decadas/34584/)