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La Nación (Argentina) online

La cara anacrónica de un país

Publicado em 13 maio 2016

Por Alberto Armendáriz
ASILIA.- En un país de aspiraciones modernas como Brasil, donde los medios y las redes sociales se extendieron de manera formidable, el proceso a Dilma dejó en evidencia la manera anacrónica en la que funciona su política.
"Orden y progreso" reza el lema de la bandera de Brasil, pero la imagen que dejaron las sesiones del Congreso en las que se abrió el proceso de impeachment contra Dilma Rousseff fuer todo lo contrario: desorden en la casi circense votación en Cámara de Diputados y retroceso con las extenuantes y por momentos soporíferas deliberaciones en el Senado.
"Los políticos están desfasados en la forma de comunicarse con la sociedad brasileña, y ésa es una de las razones por la cual son tan impopulares. Tienen que actualizar la manera en que se comunican, actualizar sus métodos, y, algo aún más básico, ser más honestos. Su aislamiento de las necesidades e intereses de la gente común pone en riesgo la democracia en sí; con comportamientos como los que vimos, centrados sólo en el rédito político propio, cada vez más gente va a pensar que el Congreso no es necesario", advirtió a LA NACION el especialista en comunicación política y marketing Carlos Eduardo Lins da Silva, consultor y profesor de la Fundación para el Amparo a la Investigación del Estado de San Pablo (Fapesp, según sus siglas en portugués).
Por más que, como ha avalado el Supremo Tribunal Federal (STF), en términos legales todo el proceso de impeachment-instaurado en la Constitución de 1891 y luego en la de 1988- avanzó de acuerdo a las reglas establecidas, para muchos brasileños dejó en evidencia la falta de representatividad de los diputados y senadores.
"Más del 60% de los legisladores enfrentan cargos ante la justicia; la gran mayoría son hombres, blancos, ricos y pertenecen a familias que siempre estuvieron en el poder. No defiendo a Dilma porque su Partido de los Trabajadores (PT) es parte del problema, pero los que la juzgan me dan vergüenza", afirmó a este diario la arquitecta Bruna Alves, de 33 años, mientras al mediodía seguía con atención por TV en un restaurante de Brasilia la salida de Rousseff del Palacio del Planalto tras ser notificada de la decisión tomada por el Senado sobre la suspensión temporal de su cargo.
El experto Lins da Silva está convencido de que se impone en Brasil una profunda reforma política. Pero también reconoció que lo visto en el Congreso en el último mes es un reflejo de dos aspectos muy marcados del gigante sudamericano.
La colorida y extravagante votación en la Cámara de Diputados el pasado 17 de abril, en medio de una lluvia de papel picado, a los gritos, con banderas y muñecos inflables, golpes, insultos y hasta escupitajos, exterioriza el costado extrovertido, irreverente del brasileño.
En tanto, la densa y larguísima sesión de anteayer en el Senado expone el Brasil doctoral, anticuado y burocrático.
"Si hay algo positivo para destacar, más allá del negativo sobresalto que generó la decisión del presidente interino de la Cámara de Diputados (Waldir Maranhão) de suspender el impeachment el lunes, todo ocurrió dentro de los marcos de la previsibilidad de la legislación, y en las calles, pese al altísimo nivel de polarización política que vivimos, no hubo serios problemas, todo transcurrió en paz. Eso también, quiero pensar, es parte de la identidad brasileña", resaltó Lins da Silva.

BRASILIA.- En un país de aspiraciones modernas como Brasil, donde los medios y las redes sociales se extendieron de manera formidable, el proceso a Dilma dejó en evidencia la manera anacrónica en la que funciona su política.

"Orden y progreso" reza el lema de la bandera de Brasil, pero la imagen que dejaron las sesiones del Congreso en las que se abrió el proceso de impeachment contra Dilma Rousseff fuer todo lo contrario: desorden en la casi circense votación en Cámara de Diputados y retroceso con las extenuantes y por momentos soporíferas deliberaciones en el Senado.

"Los políticos están desfasados en la forma de comunicarse con la sociedad brasileña, y ésa es una de las razones por la cual son tan impopulares. Tienen que actualizar la manera en que se comunican, actualizar sus métodos, y, algo aún más básico, ser más honestos. Su aislamiento de las necesidades e intereses de la gente común pone en riesgo la democracia en sí; con comportamientos como los que vimos, centrados sólo en el rédito político propio, cada vez más gente va a pensar que el Congreso no es necesario", advirtió a LA NACION el especialista en comunicación política y marketing Carlos Eduardo Lins da Silva, consultor y profesor de la Fundación para el Amparo a la Investigación del Estado de San Pablo (Fapesp, según sus siglas en portugués).

Por más que, como ha avalado el Supremo Tribunal Federal (STF), en términos legales todo el proceso de impeachment-instaurado en la Constitución de 1891 y luego en la de 1988- avanzó de acuerdo a las reglas establecidas, para muchos brasileños dejó en evidencia la falta de representatividad de los diputados y senadores.

"Más del 60% de los legisladores enfrentan cargos ante la justicia; la gran mayoría son hombres, blancos, ricos y pertenecen a familias que siempre estuvieron en el poder. No defiendo a Dilma porque su Partido de los Trabajadores (PT) es parte del problema, pero los que la juzgan me dan vergüenza", afirmó a este diario la arquitecta Bruna Alves, de 33 años, mientras al mediodía seguía con atención por TV en un restaurante de Brasilia la salida de Rousseff del Palacio del Planalto tras ser notificada de la decisión tomada por el Senado sobre la suspensión temporal de su cargo.

El experto Lins da Silva está convencido de que se impone en Brasil una profunda reforma política. Pero también reconoció que lo visto en el Congreso en el último mes es un reflejo de dos aspectos muy marcados del gigante sudamericano.

La colorida y extravagante votación en la Cámara de Diputados el pasado 17 de abril, en medio de una lluvia de papel picado, a los gritos, con banderas y muñecos inflables, golpes, insultos y hasta escupitajos, exterioriza el costado extrovertido, irreverente del brasileño.

En tanto, la densa y larguísima sesión de anteayer en el Senado expone el Brasil doctoral, anticuado y burocrático.

"Si hay algo positivo para destacar, más allá del negativo sobresalto que generó la decisión del presidente interino de la Cámara de Diputados (Waldir Maranhão) de suspender el impeachment el lunes, todo ocurrió dentro de los marcos de la previsibilidad de la legislación, y en las calles, pese al altísimo nivel de polarización política que vivimos, no hubo serios problemas, todo transcurrió en paz. Eso también, quiero pensar, es parte de la identidad brasileña", resaltó Lins da Silva.