Notícia

Programa InfoSalud (Argentina)

Investigadores analizan el avance de los grupos antivacunas en plena pandemia

Publicado em 21 janeiro 2021

Por Maria Fernanda Ziegler, da Agência FAPESP

Mientras que la mayoría de los países van poniendo en marcha sus campañas de vacunación contra el COVID-19, la enfermedad que ya ha matado aproximadamente a 2 millones de personas en todo el mundo, crecen la desinformación y las teorías conspiratorias que alimentan a los movimientos antivacunas, y Brasil no es ajeno a esto.

Los expertos han reforzado que, además de disponer del agente inmunizante y de jeringas, ampollas, refrigeradores y la labor de los profesionales de la salud, aparte de definir la logística de distribución, resulta esencial también realizar una campaña de comunicación referente a la importancia de la vacunación, para que sea posible alcanzar la meta de llegar al menos a un 60 % de la población inmunizada.

“Estamos observando una especie de batalla asimétrica. Los grupos antivacunas han crecido en Brasil considerablemente durante la pandemia, reaprovechando contenidos previos de fake news que ya habían sido producidos y que se adaptaron para el COVID-19. Resulta mucho más barato y fácil producir noticias falsas con análisis conspiratorios y sin ningún compromiso que hacer un estudio con bases científicas”, dijo João Henrique Rafael, mentor de la Unión Provacuna, un equipo brasileño de investigadores que ha venido monitoreando a los grupos antivacunas en Facebook.

Esta iniciativa del Instituto de Estudios Avanzados (IEA) del Polo Ribeirão Preto, de la Universidad de São Paulo (USP), cuenta con la colaboración del Centro de Terapia Celular (CTC) y del Centro de Investigaciones en Enfermedades Inflamatorias (CRID), dos Centros de Investigación, Innovación y Difusión (CEPIDs) financiados por la FAPESP. También integran la Unión Provacuna Ilha do Conhecimento, Vidya Academics, el Gaming Club de la FEA-RP/USP, el Instituto Questão de Ciência y Pretty Much Science.

“Durante los últimos años se ha venido observando una tendencia constante a la baja en los índices vacunales en Brasil. El último buen año fue 2015. Pese a que el movimiento antivacunas constituye un tema multifacético, existía un fuerte indicio de que la desinformación y la falta de comunicación y educación referente a la importancia de los agentes inmunizantes eran elementos que estaban incidiendo en esa merma vacunal”, dijo Rafael.

El proyecto de investigación se puso en marcha en noviembre de 2019, cuando ni siquiera se imaginaba que el año 2020 estaría signado por una pandemia. Al principio, el objetivo de los investigadores consistía en identificar quienes estaban produciendo contenidos antivacunas, por dónde circulaban los mismos y cuáles eran los principales mitos.

Con base en ese mapeo, los investigadores empezaron a producir contenidos basados en evidencias científicas con miras a educar acerca de la importancia de las vacunas a nivel individual y colectivo y también para impedir que esa desinformación cobrase cuerpo en Brasil.

“Ya estábamos estructurando los análisis sobre esos grupos desde noviembre del año pasado [2019]. Cuando llegó la pandemia, teníamos todo ese material listo, lo cual hizo mucho más fácil la realización del monitoreo y la visualización de cómo esos grupos se comportaban y conquistaban nuevos adeptos”, le dijo Rafael a Agência FAPESP.

No obstante, de acuerdo con el investigador, la pandemia se mostró muy propicia para el crecimiento de esos grupos, sobre todo por constituir también un fenómeno comunicacional. “Esos grupos ya venían creciendo y articulándose desde hacía años, ya contaban con un público cautivo, y las redes sociales les sirvieron como una herramienta poderosa de distribución de desinformación difícil de revertirse”, añade.

De acuerdo con los investigadores de la USP, el crecimiento de esos grupos se produjo tanto aquí como en Estados Unidos, donde registraron un aumento de millones de usuarios. En Brasil, donde existe un largo historial de campañas de vacunación, este movimiento es menor. “De todos modos, el movimiento antivacunas creció un 18 % durante la pandemia en el país, y reúne ahora más de 23 mil usuarios tan solo en Facebook”, dijo Rafael.

Los espacios vacíos
Otro aspecto importante que destaca el investigador se refiere al vacío que dejaron las grandes plataformas digitales. “Medidas tales como la expulsión, la desmonetización o el simple hecho de borrar contenidos mentirosos tardaron mucho para materializarse y fueron desproporcionales con relación al volumen de desinformación. Asimismo, instituciones conocidas por abordar temas ligados a la inmunización no estaban actuando en forma eficiente en las plataformas digitales”, dijo.

Uno de los ejemplos investigados es el de la página sobre vacunas que el Ministerio de Salud de Brasil administra en Facebook. “La comunicación del Ministerio de Salud y de otros organismos no estaba siendo suficiente como para desmitificar contenidos falsos y generar confianza en la población acerca de la importancia de la inmunización. La página del ministerio específica para la vacunación en Facebook, con más de un millón de usuarios, quedó paralizada. Durante el comienzo de la pandemia, ese canal, que ya era importante dentro de Facebook, estuvo tres meses sin ninguna actualización de contenidos”, dijo Rafael.

Durante el período analizado, los investigadores identificaron tres ejes principales entre los divulgadores de contenidos falsos antivacunas e integrantes de los grupos analizados. El predominante entre ellos es el denominado eje ideológico, formado por personas que realmente creen en las teorías antivacunas y transforman sus vidas en una misión.

Está también lo que los investigadores denominaron como eje comercial, al cual, de acuerdo con los análisis, puede notárselo más fácilmente en YouTube, donde no existen canales exclusivamente antivacunas, sino que hay canales que propagan desinformación y, esporádicamente, producen videos con información falsa sobre vacunas para generar visualizaciones y ganar con ello.

“El tercer eje, que se puso en movimiento en Brasil más recientemente, es uno de los más problemáticos, pues se refiere al sesgo político de la vacuna. Surgió de la politización y de la polarización con la pandemia”, dijo Rafael.

El análisis a cargo de la Unión Provacuna de la USP confirmó también que los contenidos con teorías de la conspiración Q-Anon también están ganando terreno y mezclándose con los grupos antivacunas.

Q-Anon es un movimiento que surgió en Estados Unidos, en foros de extrema derecha existentes en la deep web o web profunda, después de las elecciones de 2016. Este movimiento tiene en su base las teorías de la conspiración que se mezclan y que vinculan a celebridades con la pedofilia y el satanismo.

El Buró Federal de Investigaciones (FBI) de EE. UU llegó incluso a calificar a este movimiento como terrorismo local. A partir de esa carátula, recién en agosto de 2020, Facebook anunció la exclusión de páginas, cuentas y grupos directamente ligados a Q-Anon. En Brasil, la plataforma también realizó una acción similar en septiembre pasado, derribando grupos y páginas que totalizaban al menos 570 mil seguidores.

“Sin embargo, como esas acciones tardaron mucho para concretarse, esas teorías se propagaron muy rápidamente entre grupos que tenían afinidades con otras teorías de la conspiración, tales como los grupos extremistas políticos y los antivacunas. Con todo, Q-Anon tiende a añadirle capas más radicales a las teorías de las conspiraciones tradicionales. Por ejemplo: aparte de propagar noticias falsas sobre la pandemia, sugiere que sus seguidores invadan hospitales y graben videos con la intención de mostrar que estarían vacíos e interroguen a los médicos, entre otras actitudes sumamente preocupantes”, dijo Rafael.

Pero los dos grupos antivacunas brasileños monitoreados por los investigadores no fueron derribados en el marco de esa acción del Facebook y siguen adelante con más de 23 mil miembros; y, según el investigador, funcionan como un hub de información falsa.

“Al contrario de movimientos tales como el terraplanismo y los antivacunas, Q-Anon incorpora y se mezcla con otras teorías de la conspiración, aportando constantemente contenidos nuevos y más extremos. Es aún más radical y trabaja añadiendo capas de desesperación y miedo, que pueden llevar al odio”, dijo Rafael.

El investigador efectúa una comparación entre lo que sucedió en Estados Unidos y los próximos años en Brasil. “Existe el riesgo de no controlar esto ahora y que el movimiento crezca y llegue muy fuerte a las elecciones presidenciales de 2022. Eso fue lo que ocurrió en Estados Unidos, donde los diputados que creen y propagan abiertamente las teorías de Q-Anon ganaron escaños en las elecciones de 2020. Por ende, el momento de evitarlo y actuar para que ese movimiento no se propague es ahora”, dijo el investigador.