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El déficit habitacional constituye un obstáculo para el aislamiento por coronavirus

Publicado em 21 abril 2020

Por José Tadeu Arantes | Agência FAPESP

En el marco de la pandemia provocada por el nuevo coronavirus (SARS-CoV-2), el denominado “aislamiento vertical” –que consiste en aplicar la cuarentena únicamente con los grupos de riesgo (personas con más de 60 años y portadores de enfermedades crónicas, entre otros) y autorizar al resto de la población a circular libremente– ha sido contraindicado por autoridades de salud de todo el mundo.

En un país con un alto porcentaje de pobreza e infraestructura deficiente como Brasil, esa supuesta opción se vuelve aún más inadecuada, pues en los estratos de bajos ingresos resulta imposible separar a los grupos de riesgo. “Los ancianos y los portadores de enfermedades crónicas conviven con los otros miembros de la familia e incluso con otras familias en espacios estrechos, y a menudo duermen en el mismo dormitorio”, declaró la investigadora Marta Arretche, profesora titular del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de São Paulo (USP) y directora del Centro de Estudios de la Metrópolis (CEM), uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (CEPIDs) apoyados por la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo (FAPESP).

La densificación excesiva (que se caracteriza cuando comparten el dormitorio más de tres personas) y la cohabitación (cuando más de una familia comparten una residencia) caracterizan parte de un déficit habitacional que inviabiliza cualquier propuesta de “aislamiento vertical”.

No existen datos actualizados, ya que el último Censo Demográfico realizado por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE) se concretó en el año 2010. Y el Censo 2020 debió posponerse para el año que viene, precisamente en función de la pandemia. Pero un estudio de la Fundación João Pinheiro, del estado de Minas Gerais, elaborado con base en la Investigación Nacional por Muestreo de Domicilios (PNAD, en portugués), brinda un escenario aproximado, con cifras del año 2015.

“Ese mapeo indicaba que ese año existía un déficit absoluto de 6.356.000 viviendas en Brasil. La densificación excesiva respondía por el 5,2% de dicho déficit, es decir, por 330.512 viviendas. Y la cohabitación por el 29,9% del mismo, esto es, por 1.900.444 hogares”, informa el investigador Eduardo Marques, profesor titular del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de São Paulo (USP), quien integra el CEM.

La situación es más grave aún en las favelas, donde según el Censo 2010 vivían en aquella fecha alrededor de 11,4 millones de personas. Pero lo que la Fundación João Pinheiro clasificó como déficit habitacional no se restringe a las favelas, y no necesariamente incluye a todas las edificaciones existentes en ellas, algunas con mejores condiciones de habitabilidad. Existen un déficit también en barrios de bajos ingresos situados fuera de las favelas. E incluso en enclaves de población pobre en barrios de clase media o alta.

“Al contrario de lo que podría suponerse, el mayor déficit se verifica en la zona más rica de Brasil: en el sudeste, donde se ubican hasta ahora la mayoría de los casos detectados de la enfermedad. Las áreas metropolitanas que encabezan el ranking son las de São Paulo, Río de Janeiro y Belo Horizonte, con déficits aproximados de 640 mil, 340 mil y 159 mil unidades viviendas respectivamente. El aislamiento vertical en ese contexto es prácticamente imposible”, afirma Marques. (Fuente: AGENCIA FAPESP/DICYT)

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