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Cuestionan en un estudio el uso de la marihuana en el tratamiento de la adicción a la cocaína

Publicado em 01 fevereiro 2020

En el marco de una investigación brasileña publicada en la revista Drug and Alcohol Dependence, se demostró que la marihuana recreativa no funciona como estrategia de reducción de daños con adictos al crack y a la cocaína en rehabilitación. En lugar de hacer que disminuya el deseo de consumir la droga aspirada o fumada en piedras (en el caso del crack), la marihuana empeoró el cuadro clínico de los pacientes.

En el referido estudio, se realizó un seguimiento con pacientes durante seis meses tras su alta de una internación voluntaria de un mes en el Instituto de Psiquiatría del Hospital de Clínicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (HC-FMUSP) en Brasil. Los investigadores del Grupo Interdisciplinario de Estudios de Alcohol y Drogas (GREA) y del Laboratorio de Neuroimágenes de Trastornos Neuropsiquiátricos (LIM-21) de la Facultad de Medicina de la USP constataron que la marihuana perjudica las denominadas funciones ejecutivas del sistema nervioso central, relacionadas -entre otras actividades- con la capacidad de lograr frenar los impulsos.

“El objetivo de este estudio consiste en asegurar que las políticas públicas orientadas hacia consumidores de drogas se basen en evidencias científicas. Cuando se implementaron las políticas de reducción de daños para usuarios de cocaína y crack en Brasil, no existía una comprobación de que serían beneficiosas. Nuestro estudio descarta completamente esta estrategia para adictos a la cocaína”, dijo Paulo Jannuzzi Cunha, coautor del artículo, docente del Programa de Posgrado en Psiquiatría de la FMUSP e investigador del LIM-21, quien fue becario posdoctoral de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de São Paulo – FAPESP.

Según Jannuzzi Cunha, el grupo de estudios del LIM-21 preconiza la internación breve, realizada únicamente durante el período de desintoxicación de los pacientes drogodependientes. El investigador hace hincapié en la importancia de que la rehabilitación se lleve adelante en carácter voluntario y sin aislar al paciente de la sociedad, con la mira puesta en que se trata de un proceso pasible de recaídas.

“Buscamos llevar adelante un trabajo de fortalecimiento para que el paciente enfrente los problemas reales y en su propio contexto de residencia, aprendiendo estrategias tendientes a deshacerse de la tentación de consumir la droga nuevamente. Las internaciones largas, aparte de ser costosas en términos económicos, sacan al paciente de la realidad y no aseguran que, al salir finalmente de la reclusión, este no sufrirá recaídas”, dijo.

En la actualidad, la dependencia de cocaína es una condición que carece de un tratamiento farmacológico aprobado. De acuerdo con los investigadores, lo más recomendable es la terapia conductual cognitiva (TCC), el Manejo de Contingencias y el tratamiento médico-psiquiátrico de las comorbilidades, tales como la Depresión, los Trastornos de Ansiedad y el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Estos trastornos mentales tienden a ocurrir en muchos casos en simultáneo con la drogodependencia y perjudican la adhesión al tratamiento y la recuperación de los pacientes. “Un tratamiento integrado y con base en evidencias científicas tiende a ser más eficaz a mediano y a largo plazo. Aparte de la atención multidisciplinaria, se recomienda la participación en grupos de apoyo formados por exusuarios”, dijo Jannuzzi Cunha.

En el estudio, se dividió a 123 voluntarios en tres grupos: adictos a la cocaína que hicieron uso recreativo de marihuana (63 personas), adictos a la cocaína que no hicieron uso de la estrategia de reducción de daños (24) y el grupo de control (36), formado por voluntarios sanos y sin historial de consumo de esas drogas.

Al cabo de un mes de haber recibido el alta, entre los adictos a la cocaína que fumaron marihuana, el 77% se mantuvo en abstinencia. En tanto, entre aquello que no consumieron marihuana, el 70% no experimentó recaídas.

Tres meses después de la internación, la situación se invirtió y la estrategia de reducción de daños se mostró poco efectiva. Entre los que no fumaron marihuana, el 44% permaneció sin recaídas, en tanto que tan solo el 35% de los que hicieron uso recreativo de la marihuana no experimentaron recaídas. Al final de seis meses de seguimiento, permanecieron sin recaídas el 24% y el 19% de ellos respectivamente, lo cual muestra que los pacientes que fumaban marihuana terminaron por recaer más en la cocaína a largo plazo.

“Estos resultados echan por tierra la hipótesis de que la marihuana recreativa evitaría recaídas y ayudaría en la recuperación de adictos a la cocaína. De los que no fumaron marihuana, el 25% logró controlar sus impulsos de consumir cocaína, en tanto que solamente una quinta parte de ellos no experimentaron recaídas entre los que presuntamente se beneficiarían con la estrategia de reducción de daños. El consumo histórico de marihuana no aporta mejoras de pronóstico a largo plazo: este estudio sugiere incluso lo contrario”, dijo el psiquiatra Hercílio Pereira de Oliveira Júnior, primer autor del artículo.

De acuerdo con estos resultados, los dos grupos de dependientes de la cocaína en proceso de rehabilitación exhibieron déficits neurocognitivos importantes en comparación con el grupo de control, en tareas que comprendían la memoria operativa, la velocidad de procesamiento, el control inhibitorio, la flexibilidad mental y la toma de decisiones.

Con todo, los que hicieron uso recreativo de la marihuana mostraron resultados aún peores con relación a las funciones psíquicas denominadas ejecutivas, referentes a la capacidad de los individuos de mantener la atención en determinados contextos, de lograr memorizar y de elaborar o planificar comportamientos más complejos, y también lentitud en el procesamiento mental y una dificultad mayor para lograr refrenar sus impulsos.

Durante todo el estudio se aplicaron pruebas cognitivas y se efectuaron exámenes mediante neuroimágenes. Los voluntarios también se sometieron a análisis de orina para verificar el eventual uso de drogas.

“Uno de los factores limitadores de nuestro estudio residió en la imposibilidad de analizar el tipo de marihuana que consumieron los voluntarios. Era la droga que ellos fumaban en casa o en su ambiente”, dijo Jannuzzi Cunha.

Un preparado de marihuana está compuesto por al menos 80 tipos distintos de cannabinoides. Dos de ellos poseen mayor relevancia: el THC, asociado a los efectos de relajación que produce la droga, a la dependencia y a los daños neurológicos, y el cannabidiol, que podría modular los efectos del THC. “Nuestro estudio no abarcó una evaluación específica de los posibles efectos del cannabidiol, que puede incluso tener potencial terapéutico, pero que aparece en una proporción mucho menor en la marihuana fumada; y es sumamente difícil extraérselo puro del cannabis”, dijo.

Otro hallazgo de este estudio mostró que, cuanto más precoz ha sido el consumo de marihuana y cocaína en la vida de los adictos, mayores son las probabilidades de recaída durante la rehabilitación por consumo de cocaína.

“Estudios anteriores demostraron que la precocidad perjudica el neurodesarrollo y la organización de importantes redes neurales en el cerebro. Por ende, la exposición precoz a la marihuana tendría un pronóstico peor no solamente con relación a la propia marihuana sino también con respecto a otras sustancias”, dijo Oliveira Júnior.

“Este dato es predictivo y señala el impacto negativo de la marihuana y la cocaína en el proceso de maduración cerebral y en la caracterización de un peor pronóstico de la enfermedad”, añadió el investigador.

El uso de sustancias tales como la metadona (un narcótico del grupo de los opiáceos) ha sido considerado como una estrategia eficaz en la reducción de daños para la rehabilitación de dependientes de heroína y otras drogas inyectables, y ha venido mostrando desde la década de 1990 un cierto éxito en distintos países del mundo.

Con base en los resultados con adictos a la heroína, estudios anteriores no controlados venían dando sostén a la hipótesis de que el consumo recreativo de marihuana podría erigirse también como una estrategia eficaz para la disminución del ansia por consumir entre adictos a la cocaína y al crack. “Esto redundó incluso en la formación de organizaciones en el área de Reducción de Daños y en Políticas Públicas que recomendaban el consumo de marihuana fumada como estrategia tendiente a la reducción de la ansiedad y el ansia de consumo de cocaína. Nuestro estudio contradice este tipo de estrategias”, dijo Pereira de Oliveira Júnior.

Jannuzzi Cunha explica que la diferencia de resultados en la política de reducción de daños entre usuarios de heroína y cocaína o crack es producto de las peculiaridades de cada droga. “La abstinencia de heroína genera síntomas corporales, fisiológicos y biológicos muy rápido. Si el usuario se queda sin heroína u otro opiáceo, empieza a sudar frío, se siente mal y puede sufrir convulsiones y problemas físicos graves”, dijo.

El investigador afirma que una estrategia farmacológica de reducción de daños que ayude en la remisión de los síntomas y que constituya un paso intermedio hasta que el paciente logre mantenerse abstinente resulta completamente apropiada.

“En tanto, el usuario de cocaína en abstinencia padecerá más síntomas relacionados con el humor, tales como irritabilidad y depresión. Puede experimentar una depresión inmediatamente después del consumo, pero nada que se parezca a los efectos físicos que se observan en usuarios de drogas inyectables. Por eso en estos casos son importantes las estrategias conductuales que les enseñan a los pacientes a lidiar mejor con las emociones y les ayudan a mantenerse sin consumir drogas, que son mucho más eficientes a largo plazo”, dijo. (Fuente: AGENCIA FAPESP/DICYT)