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Científicos investigan de qué modo la infección con el SARS-CoV-2 puede causar problemas renales

Publicado em 01 outubro 2021

La pérdida de la proteína ACE2 desequilibra ciertos sistemas que regulan funciones esenciales en el organismo, sobrecargando así el aparato urinario y provocando lesiones en los riñones que pueden volverse permanentes

En un artículo publicado en la revista Frontiers in Physiology por científicos de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), en Brasil, se debaten los mecanismos a través de los cuales el nuevo coronavirus provoca lesiones en los riñones de los pacientes con COVID-19. Este estudio de revisión puede servir de base para la realización de nuevas investigaciones orientadas hacia la búsqueda de un tratamiento que prevenga los problemas más graves en el sistema renal o incluso el desarrollo de una enfermedad crónica.

El referido trabajo mostró que la interacción del virus con la enzima convertidora de angiotensina 2 (ACE2, por sus siglas en inglés), aparte de hacer posible la infección y la replicación del SARS-CoV-2 en las células humanas, puede provocar un importante desequilibrio en los sistemas renina-angiotensina (que regula la presión arterial) y calicreína-cinina (implicado en diversos procesos biológicos), con influencia sobre la inflamación, el control de la presión sanguínea y la proliferación celular, por ejemplo.

Este compromiso de la función biológica de la ACE2 puede derivar en una merma del flujo sanguíneo renal y de la tasa de filtración glomerular (TFG), alterando la capacidad de los riñones de eliminar sustancias (metabolitos) que, en exceso, resultan tóxicas para el organismo. Asimismo, se produce un aumento de la vasoconstricción, que también sobrecarga y compromete la función renal.

“Estudios y revisiones sistemáticas confirmaron la incidencia de entre un 20 % y 40 % de lesiones renales agudas en pacientes con COVID-19. Y ahora se están publicando datos que muestran que en algunos casos la recuperación es más lenta, en tanto que en otros surgen secuelas; y esos pacientes requieren de diálisis”, afirma la investigadora Nayara Azinheira Nobrega Cruz, primera autora del artículo.

Este trabajo se llevó a cabo en la Escuela Paulista de Medicina de la mencionada universidad (EPM-Unifesp), forma parte del doctorado de Azinheira Nobrega Cruz y contó con apoyo de la FAPESP en el marco de tres proyectos (18/16653-7, 17/17027-0 y 18/23953-7).

Otra parte del estudio, en la cual se analizó un conjunto de datos relacionados con la infección causada por el SARS-CoV-2 en mujeres embarazadas y el rol de ACE2 en la placenta, también salió publicada recientemente en Clinical Science. Y allí se muestra que las gestantes infectadas con el nuevo coronavirus corren más riesgos de desarrollar preeclampsia, un síndrome caracterizado por la elevación de la presión arterial materna y que puede generar complicaciones tanto para la madre como para el bebé (lea más en: agencia.FAPESP.br/36679/).

La posibilidad de que la pandemia de COVID-19 provoque un aumento de los casos graves de lesiones en los riñones preocupa a la profesora Dulce Elena Casarini, quien supervisa la investigación junto con José Medina Pestana, director superintendente del Hospital del Riñón (HRIM, vinculado a la Unifesp) e integrante del Centro de Contingencia del Coronavirus de la Gobernación del Estado de São Paulo. “Si se produce ahora un incremento de la demanda de diálisis, en el futuro podremos tener una demanda mayor de trasplantes”, dice Casarini.

En Brasil, la cifra de trasplantes renales se mantuvo en poco más de 5.900 al año entre 2017 y 2019, de acuerdo con datos del Ministerio de Salud nacional. Pero la lista de espera de este tipo de órganos registró un aumento, pasando de 28.351 pacientes a 29.554 en idéntico período.

Una investigación de un grupo internacional publicada el día 1º de septiembre en el Journal of the American Society of Nephrology, con base en datos de Estados Unidos, apuntó que siete personas en promedio requirieron de diálisis o de trasplante renal por cada 10 mil pacientes de COVID-19 con cuadros leves o moderados. Entre los pacientes infectados con el coronavirus y no hospitalizados, el riesgo de sufrir lesiones renales agudas durante un lapso de seis meses fue un 23 % mayor al comparárselos con los no infectados.

Múltiples funciones

Lilian Caroline Gonçalves de Oliveira, supervisora del Laboratorio de Riñones y Hormonas de la Unifesp y coautora del artículo, afirma que uno de los puntos analizados fue el papel de la ACE2 en la patogénesis del COVID-19.

“La importancia de la ACE2 como receptor para el ingreso del SARS-CoV-2 a las células ya se había comprobado. Debido a esa interacción entre el virus y el receptor, la enzima deja de desempeñar la función protectora, lo que acaba volviendo a los síntomas de COVID-19 cada vez más preocupantes”, afirma Gonçalves de Oliveira.

En el estudio, el grupo destaca que el mecanismo preciso de complicación renal en los pacientes con el nuevo coronavirus aún se desconoce y puede ser multifactorial. Con todo, el equipo apunta que la infección es capaz de provocar lesiones indirectas en los riñones debido a la inflamación sistémica, a la insuficiencia de oxígeno trasportado hacia los tejidos del cuerpo (hipoxemia) y al desequilibrio del sistema renina-angiotensina.

Este sistema comprende una serie de reacciones que ayudan a regular la presión arterial. Cuando la presión baja, por ejemplo, los riñones liberan la enzima renina en el torrente sanguíneo. Y allí se elabora la angiotensina 1, que es convertida por la ACE en angiotensina 2, una hormona activa que actúa en las paredes musculares de las pequeñas arterias generando vasoconstricción. En condiciones normales, existe un balance armónico entre ACE y ACE2 para mantener la homeostasis del organismo.

Asimismo, el nuevo coronavirus puede infectar a las células renales causando lesiones directas y un compromiso del sistema renina-angiotensina intrarrenal, contribuyendo así al surgimiento de enfermedades agudas y a largo plazo. “Realizamos un compilado para que sirva de base en futuros estudios, y para demostrar la importancia del impacto del COVID-19 en otros órganos, aparte del sistema respiratorio”, dice Azinheira Nobrega Cruz.