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Ahora tienen una base científica: las canas que provoca el estrés

Publicado em 20 agosto 2020

Por Karina Toledo, da Agência FAPESP

Cuenta la leyenda que el día de su ejecución María Antonieta se despertó con el pelo completamente blanco. En tan solo una noche, la melena de la última reina de Francia había perdido todo su color ante la angustia de una inminente decapitación. Esta anécdota sirve como preámbulo para una nueva investigación en la que se demuestra por qué los periodos de estrés agudo generan la aparición súbita da canas, un fenómeno visible en rostros tan conocidos como el de Barack Obama, cuya cabellera luce plateada tras su paso por las angustias de la Casa Blanca.

Las canas suelen surgir en forma tímida durante la tercera década de la vida, y se van esparciendo gradualmente por toda la cabeza. Para la mayoría de la gente, solamente al llegar alrededor de los 50 años de edad se vuelve realmente imposible disimularlas sin una visita mensual al salón de belleza.

Sin embargo, informes médicos sugieren ahora que el proceso de despigmentación capilar –o canicie, en la jerga científica– puede ocurrir de manera mucho más acelerada en condiciones de estrés intenso y persistente o después de un trauma importante. Algunos historiadores especulan que este fenómeno acometió a la reina María Antonieta cuando, en el apogeo de la Revolución Francesa (1793), supo que terminaría en la guillotina.

«Desde hace mucho tiempo se dice que el estrés hace que el cabello se ponga blanco. Pero hasta ahora esta afirmación no poseía base científica. En este estudio comprobamos que este fenómeno ocurre efectivamente e identificamos los mecanismos implicados. Asimismo, descubrimos una forma de interrumpir el proceso del emblanquecimiento por estrés», comentó Thiago Mattar Cunha, integrante del Centro de Investigaciones en Enfermedades Inflamatorias (CRID), un Centro de Investigación, Innovación y Difusión (CEPID) de la FAPESP con sede en la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo (FMRP-USP).

Esta investigación se llevó a cabo en colaboración con un grupo de científicos de la Harvard University (de Estados Unidos) coordinado por la profesora de biología regenerativa Ya-Chieh Hsu. Y sus resultados han salido ahora publicados en la revista Nature.

Mattar Cunha recurre al término serendipity para referirse a los hallazgos publicados. Esta palabra, de origen inglés, alude a una situación en la cual algo sumamente interesante o valioso se descubre casualmente, en forma inesperada.

«Estábamos realizando un estudio sobre el dolor en ratones del linaje Black-C57, cuyo pelaje es negro. Le administramos a ese modelo una sustancia denominada resiniferatoxina, para activar un receptor expresado en las fibras nerviosas sensoriales e inducir una sensación dolorosa intensa», comentó el investigador. «Alrededor de cuatro semanas después de la inyección sistémica de la toxina, un alumno de doctorado observó que los animales estaban con sus pelos completamente blancos».

Se repitió el experimento algunas veces, hasta que el grupo de la USP se convenció de que las canas capilares habían sido causadas efectivamente por la aplicación de la sustancia química extraída de la planta Euphorbia resinifera, muy parecida a un cactus.

«Conjeturamos la hipótesis de que la despigmentación de los pelos sería producto del estrés inducido por el dolor. Entonces ideamos un experimento sumamente sencillo, a los efectos de verificar si este fenómeno dependía de la activación de las fibras nerviosas simpáticas», comentó Mattar Cunha.

Tal como explicó el investigador, el sistema nervioso simpático posee una relación íntima con el estrés. Esta división del sistema nervioso autónomo –compuesto por inervaciones que corren al lado de la médula espinal– controla las respuestas del organismo ante situaciones de peligro inminente. Mediante una oleada de adrenalina y cortisol, el sistema nervioso simpático hace que el corazón lata más rápido, que suba la presión arterial, que la respiración se acelere y que las pupilas se dilaten, entre otros efectos sistémicos tendientes a preparar al cuerpo para «luchar o huir».

«Después de inyectar la resiniferatoxina en los ratones, los tratamos con guanetidina, un antihipertensivo con capacidad para inhibir la neurotransmisión a través de las fibras simpáticas. Observamos que el proceso de blanqueo capilar fue bloqueado con este tratamiento», comentó Mattar Cunha.

En el marco de otro experimento, se interrumpió la neurotransmisión mediante la remoción quirúrgica de las fibras simpáticas. También en este caso, no se concretó la despigmentación capilar durante las semanas posteriores al procedimiento de inducción del dolor.

«Estos y otros experimentos realizados demostraron la participación de la inervación simpática en el proceso de emblanquecimiento capilar y confirmaron que el dolor actúa en este modelo como un potente estresor. Pero aún se hacía necesario detallar los mecanismos implicados», sostuvo.

Sincronía

A aquella altura, los investigadores ya sabían que el estrés asociado al dolor provocaba en los ratones de algún modo la «maduración» precoz de las células madre melanocíticas existentes dentro del bulbo capilar. Estas son las responsables de la generación de células productoras de melanina, el pigmento que colorea los cabellos.

«Cuando somos jóvenes, esas células se encuentran en un estado indiferenciado, como todas las células madre. A medida que vamos envejeciendo, se van diferenciando gradualmente y, cuando culmina este proceso, dejan de generar los melanocitos que producen la melanina. Mediante la aplicación de diversas metodologías, demostramos que una activación simpática intensa hace que el proceso de diferenciación progrese mucho más rápidamente. En otras palabras: en nuestro modelo, el dolor incrementa el envejecimiento de las células madre melanocíticas», explicó Mattar Cunha.

«El estrés agudo, en particular la reacción de ‘luchar o huir’, ha sido vista tradicionalmente como beneficiosa para la supervivencia animal. No obstante, en este caso, el estrés agudo provoca un agotamiento permanente de células madre», dijo Bing Zhang, primer autor del artículo, quien actualmente realiza un posdoctorado en el laboratorio de Ya-Chieh Hsu.

Alteración de la expresión génica

Uno de los métodos aplicados para mapear los mecanismos que promueven la diferenciación de las células madre melanocíticas fue la secuenciación de ARN. Esta tecnología permite comparar el perfil de expresión de los genes en ratones a los que se les aplicó la inyección de resiniferatoxina (y desarrollaron dolor, estrés y despigmentación de sus pelos) y en animales a los que se les inyectó un placebo únicamente.

«Analizamos qué genes exhiben una expresión más alterada tras la inducción del estrés y uno de ellos nos llamó la atención: el codificador de una proteína denominada CDK [cinasa dependiente de ciclina, por sus siglas en inglés]. Es una enzima que participa en la regulación del ciclo celular», comentó Mattar Cunha.

«Este dato indica que la enzima CDK participa en el proceso y puede, por ende, erigirse en diana terapéutica. Aún es prematuro afirmar que algún día se utilizará este blanco en la clínica, pero vale la pena explorarlo mejor», dijo Mattar Cunha.

En otro experimento, los investigadores demostraron que cuando se produce una activación robusta del sistema simpático, las fibras que inervan los bulbos capilares liberan noradrenalina –una sustancia precursora de la adrenalina– muy cerca de las células madre melanocíticas.

«Demostramos que las células madre melanocíticas expresan la proteína ADRB2 [receptor adrenérgico tipo ß 2], que es activada por la noradrenalina. Y descubrimos que cuando se produce la activación de ese receptor por la noradrenalina, las células madre se diferencian», comentó el investigador.

Para confirmar este hallazgo, los científicos repitieron el experimento en ratones genéticamente modificados para no expresar la proteína ADRB2. Tal como sospechaban, aun con la inyección de resiniferatoxina, el pelaje de los animales nocaut para el receptor adrenérgico no experimentó alteraciones.

«En otra prueba, inyectamos noradrenalina directamente en la piel de los ratones y, como consecuencia de ello, los pelos situados alrededor de la zona de la aplicación perdieron su color», dijo Mattar Cunha.